La autoexigencia va unida a la frustración.
La autoexigencia va unida a la frustración
La relación entre perfeccionismo y frustración
El perfeccionista se autoexige constantemente, se siente presionado por las expectativas de los demás y siempre busca llegar a la cima. Mientras todo sale como lo planeado, todo va bien, pero cuando eso no sucede surge la frustración, el mayor enemigo de la autoexigencia. Estas personas se autodestruyen cuando las cosas no salen como lo esperaban: se insultan y se machacan mentalmente de forma continua, provocándose un dolor interno creado por ellas mismas, ya que en realidad no hay nadie detrás persiguiéndolas. Son ellas mismas quienes generan esa presión.
Mi experiencia personal con la autoexigencia
Durante mi etapa de Bachillerato sufrí la frustración en primera persona, así que sé de lo que hablo. En primero me autoexigía mucho y todo salía bien: sacaba buenas notas, aprobaba, tenía tiempo para mí y todo iba genial. Sin embargo, cuando llegué a segundo alcancé mi punto más alto de frustración y me perdí a mí misma.
Dejé de creer en mí y en mis capacidades; me sentía inútil, tonta e insuficiente. No había nadie que me persiguiera ni me insultara, sino algo peor: yo misma. Porque que te lo digan los demás se puede superar, pero cuando eres tú quien se machaca constantemente diciéndose que es inútil y que no va a llegar a ninguna parte, el dolor es mayor, ya que la esperanza y la confianza en ti desaparecen y se mueren dentro de ti.La voz interna como mayor enemiga
Lo peor de todo es que no hay nadie que pueda ayudarte a salir de ese pozo sin fondo, porque la única solución para una persona autoexigente es ver resultados. Parece algo simple, pero es mucho más difícil de lo que parece. En mi caso, a pesar de haber tocado fondo y haberme faltado el respeto a mí misma, no me permitía descansar ni rendirme.
Cuando una persona está tan rota por dentro y su salud mental no está bien, por más que quiera, las cosas no salen. Y eso te hunde aún más, porque ves que te esfuerzas pero no obtienes los resultados que esperas, y eso alimenta todavía más la frustración y el sentimiento de fracaso.
El momento más difícil y la fuerza de voluntad
Puede que parezca que no hay salida, pero sí que la hay. Yo estuve a punto de rendirme y repetir segundo de Bachillerato, pero no lo hice. Tenía que recuperar cuatro asignaturas para poder aprobar y no sé ni de dónde saqué la fuerza de voluntad.
Solo sé que estudié mucho y que iba a clase a pesar de que el curso ya había terminado. Nadie iba a clase porque estaban estudiando para la PAU, y aun así yo continué yendo: era la única en el aula. Esos días los recuerdo con mucha tensión y angustia, pero lo conseguí.Fue en ese momento cuando mi parte autoexigente pudo ver la luz al final del túnel. No es que todo se me hubiera pasado, pero pude estar en paz conmigo misma.
Aprender a escucharse y ponerse límites
Con esto no quiero decir que tengas que conseguir aquello que te está hundiendo, sino que te escuches a ti misma y te pongas límites. Si no puedes continuar porque la situación te supera, para. No lo hagas a la fuerza como lo hice yo.
Quería dar a entender que, cuando lo conseguí, mi voz interna de la autoexigencia se apagó. Queda mal decirlo, pero es así, porque así es como funcionan este tipo de mentes: necesitan pruebas externas para calmar su crítica interior.
El valor real de los logros
Al final, el título de Bachillerato lo tengo colgado en la pared cogiendo polvo para haber sufrido tanto como sufrí. Con esto quiero decir que “equivocarse no te define como persona”. Que no hayas conseguido un objetivo a la primera no significa que seas un fracaso, ni que si te vuelves a equivocar no sirvas para nada.
¡¡¡Quítate eso de la mente!!!
La vida no es perfecta, vas a cometer muchos fallos y no todo saldrá a la primera. Y si algo no surge en ese momento, no pasa nada: sigues viva, nadie te persigue y no vas a morir por no haber aprobado a la primera o por no haber alcanzado tus expectativas.
Aceptar el error como parte del crecimiento
Sé que es difícil de aplicar y que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero hay que confiar. Aunque hayas tocado fondo, el tiempo lo cura todo. Momentos malos y buenos va a haber muchos a lo largo de la vida.
Por ello, lo mejor que puede hacer una persona autoexigente es:
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Hablarse a sí misma con respeto.
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Comunicar a los demás cómo se siente, ya que es muy necesario y sano expresar los pensamientos que nos preocupan.
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No perder la esperanza, aunque sea muy duro.
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Y, por último, permitirse fallar.
Esto último es la clave para reducir la frustración: puedes enfadarte, pero no llegar al punto de autodestruirte. Espero haberte ayudado con este texto y que, si te has sentido identificado, sepas que no estás solo ni sola.
Gracias por leer.
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